martes, 31 de enero de 2012

Portrait II: Morder la fruta



Mi manzana y yo.


Soy salvaje, me amansa la música.
Un río profundo. He aquí mi resistencia

lunes, 30 de enero de 2012

Portrait I. El corzo y la mariposa



Soy la que cruza los puentes en ambas direcciones,
la que ha cosido su corazón a volátiles cuerpos,
la que deambula por  jaulas y  ríos.

Soy el corzo, y la piedra
Soy la que cae,
la que tiembla,
la que se asusta, la que no se asusta;
el costado y la cadera donde mariposas
giran. Giran.

Soy la hija del dragón,
la que cierra los ojos y  sueña que duerme
 


El año del Dragón




martes, 24 de enero de 2012

Tus lindes



Poetas hay muchos, poemas más todavía, sobre todo desde que nos dió a unos pocos (que somos montones) por abrir un blog y escribir. Yo leo y leo y la verdad es que a veces me resultan muchos poemas y poetas bastante livianos, bonito sí, pero light (suerte que os traigo cositas jugosas). Sinceramente poemas de este calibre, poetas de este peso y valor no abundan. Es un gustazo tropezarnos con estos tesoros. Este libro tiene todo lo que yo busco en un poema: que  me apuntale el corazón, me desuelle como aun conejo, me arañe las entrañas; que me vea en él como en un espejo que tenga la palabra exacta, el vuelco perfecto.  Este libro contiene todos los trucos, todo lo que necesita un equilibrista para pasar de un trópico a otro, por eso últimamente lo llevo en el bolso conmigo, a todas partes (y también porque este libro le leí mucho en Alemania pero aun no en Madrid)  Releerlo es renovar el tiempo. Renovar el tiempo es recordar. Recordar, a veces, también apuntala el corazón, como un poema.

Transcribo el poema tal y como viene en el libro: con todos los espacios, los paréntesis, las cursivas... Y no añadiré fotografía a esta entrada,  porque no hay imagen más hermosa, más bella, más certera que la que emana del propio poema. 

Tus lindes: grietas que me develan


                                    We must have died alone,
                                               a long long time ago.
                                                               D.B.



Has pulsado,
Has templado mi carne
En tu diafanidad, mis sentidos (hombre de contornos
Levísimos, de ojos suaves y limpios);
En la vasta desnudez que derrama,
Que desgaja y ofrece;

(Como una esbelta ventana al mar; como el roce
  delicado, insistente,
de tu voz.)
Las aguas: sendas que te reflejan (celaje inmerso), tu
  Afluencia, tus lindes:
Grietas que me develan.

-Porque en barniz, una palabra espesa, vivos y
  muertos, una acritud fungosa, de cordajes,
de limo, de carroña frutal, una baba lechosa nos
  recorre, nos pliega, ¿alguien;
alguien hablaba aquí?

Renazco, como un albino, a ese sol:
Distancia dolorosa a lo neutro que me mira, que miro.


Ven, acércate; ven a mirar sus manos, gotas recientes
  En este fango; ven a rodearme.
(Sabor nocturno, fulgor de tierras erguidas, de
  pasajes sedosos, arborescentes, semiocultos;
el mar:
sobre esta playa, entre rumores dispersos y vítreos.)
  Has deslumbrado,
Reblandecido

¿En quien revienta esta luz?

-Has forjado, delineado mi cuerpo a tus
  emanaciones,
a sus trazos escuetos. Has colmado
de raíces, de espacios;
Has ahondado, desollado, vuelto vulnerables (porque
  Tus yemas tensan
Y desprenden,
Porque tu luz arranca – gubia suavísima- con su lengua, su roce,
Mis membranas –en tus aguas; ceiba luminosa de espesuras abiertas,
De parajes fluctuantes, excedidos; tu relente) mis
  Miembros.
Oye; siente en ese fallo luctuoso, en ese intento
  Segado, delicuescente
¿A quién unge, a quién refracta, a quién desdobla?
  En su miasma

Miro con ojos sin pigmento ese ruido ceroso
Que me es ajeno.

(En mi cuerpo tu piel yergue una selva dúctil que
  fecunda sus bordes;
una pregunta, viña que se interna, que envuelve los
  pasillos rastreados.
-De sus tramas, de sus cimas: la afluencia incontenible.
Un cristal que penetra, resionos, candente, en las vastas
  Pupilas ocres
Del deseo, las trasparenta; un lengua minucioso)
Me has preñado, has urdido entre mi piel;
¿y quién se desplaza aquí?
¿quién se desliza por sus dedos?

Bajo esa noche: ¿quién musita entre las tumbas, las
  Zanjas?
Su flama, siempre multiplicada, siempre henchida y
  Secreta,
Tus lindes;
Has ahondado, has vertido, me has abierto hasta
  Exhumar;
¿Y quién,
quién lo amortaja aquí? ¿Quién lo estrecha, quién lo
  besa?
¿Quién lo habita?



Coral Bracho
Trazo del tiempo

miércoles, 18 de enero de 2012

Toute la descente...


Este libro llegó a mis manos desde Québec (Canada). Él también hizo un largo viaje, como el mío; 
como el que hacen mis ojos cuando lo leen; cada vez que lo habito.




Entre el viento y lo oscuro
entre el gozo ascendente
y la quietud profunda,
entre la exaltación de mi vestido blanco
y la oquedad nocturna de la mina,
los ojos suaves de mi padre que esperan; su alegría
incandescente. Subo para alcanzarlo.
Es en la tierra
de los pequeños astros, y sobre ella,
sobre sus lajas de pirita, el sol desciende. Altas nubes
de cuarzo, de pedernal. En su  mirada,
en su luz envolvente,
el calor del ámbar.
Me alza los brazos. Se acerca.
Nuestra sombra se inclina ante la orilla. Me baja.
Me da la mano.
Todo es descenso
es un gozo callado,
una tibieza oscura,
una encendida plenitud.
Algo en esa calma nos cubre,
algo nos protege
y levanta,
muy suavemente
mientras bajamos.

Coral Bracho
Trait du Temps


viernes, 13 de enero de 2012

viernes, 6 de enero de 2012

Tocata y Fuga


Sigo releyendo a Aurelio González Ovies. Con vocación de regalo al pie de los zapatos, os dejo un fragmento de su libro Tocata y Fuga. Un poema largo con interrogantes extendidas a principio y fin de los versos. Al menos mi lectura es esa: un todo donde va dejando nombres y huellas de aguas y  fuentes de las que bebió. Siempre me gustaron  los versos donde hay preguntas, tal vez porque sea una forma de cuestionarse a sí mismo, y en ese efecto de espejo que hacen a veces los poemas, también me veo yo. (¿me cuestiono la palabra?)
 

¿Qué sería del dolor
si un hombre no llorase.

Existiría el adiós
y sus coches en marcha.

Tendría noches la luna
tan llenamente hermosas.

Tendría estrellas la noche,
a veces, tan humanas.

Elevaría los fados
sus grúas melancólicas.
Sonrojarían las rosas
su estar presente
apenas.

Mecerían los trigales los molinos
de viento
que Colinas realza.

Qué cantidad de negación
para omitir la ausencia.

Podría haberse marchado
Jacques Brel con su guitarra;

y yo esculpir en mí: sin ti no importa nada?

Aurelio González Ovies
Tocata y Fuga