La mujer que camina delante de su sombra.
Aquella a quien precede la luz como las aves
a las celebraciones del solsticio.
Aquella a quien precede la luz como las aves
a las celebraciones del solsticio.
Basilio Sánchez
Basilio tienes razón: mis manos son las de un niño.
pero no ofrezco mis ojos.
Soy yo el animal oscuro que mira mansamente;
La mujer que camina.



5 comentarios:
La Mujer que camina
La mujer que camina delante de su sombra.
Aquella a quien precede la luz como las aves
a las celebraciones del solsticio.
La que nada ha guardado para sí
salvo su juventud
y la piedra engarzada de las lágrimas.
Aquella que ha extendido su pelo sobre el árbol
que florece en otoño, la que es dócil
a las insinuaciones de sus hojas.
La mujer cuyas manos son las manos de un niño.
La que es visible ahora en el silencio,
la que ofrece sus ojos
al animal oscuro que mira mansamente.
La que ha estado conmigo en el principio,
la mujer que ha trazado
la forma de las cosas con el agua que oculta.
Basilio Sánchez
Pareces rotunda cuando sugieres a Basilio que tiene razón en tus manos de ábaco y en que no ofreces tus ojos. ¿A qué o quién no se los ofreces? Si algo te ha caracterizado siempre, Victoria, es el ser tú un animal oscuro pero con unas enormes pupilas dilatadas. Y a la luz del día tus ojos engarzan cosas muy mínimas. O sea, que sí ofreces tus ojos.
No ofrezco mis ojos, porque soy yo el animal oscuro.
No ofrezco mis ojos para que lo coman los cuervos (esto lo he hecho a veces)
Ofrezco lo que miro, eso sí; Ofrezco lo que miro, lo que voy encontrando y lo que comparto.
Gracias por tu lectura tan atenta, Manuel
Un abrazo
Ofrecer lo que se mira es mucho más generoso que ofrecer los propios ojos. Mujer generosa caminando en dirección a la luz. Un beso amiga.
Javier
Gracias Javier , A veces nos encontramos - podría parecer casualidad pero no- en ciudad sosteniendo la misma luz, el mismo poema.
Un abrazo
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