Poetas hay muchos, poemas más todavía, sobre todo desde que nos dió a unos pocos (que somos montones) por abrir un blog y escribir. Yo leo y leo y la verdad es que a veces me resultan muchos poemas y poetas bastante livianos, bonito sí, pero light (suerte que os traigo cositas jugosas). Sinceramente poemas de este calibre, poetas de este peso y valor no abundan. Es un gustazo tropezarnos con estos tesoros. Este libro tiene todo lo que yo busco en un poema: que me apuntale el corazón, me desuelle como aun conejo, me arañe las entrañas; que me vea en él como en un espejo que tenga la palabra exacta, el vuelco perfecto. Este libro contiene todos los trucos, todo lo que necesita un equilibrista para pasar de un trópico a otro, por eso últimamente lo llevo en el bolso conmigo, a todas partes (y también porque este libro le leí mucho en Alemania pero aun no en Madrid) Releerlo es renovar el tiempo. Renovar el tiempo es recordar. Recordar, a veces, también apuntala el corazón, como un poema.
Transcribo
el poema tal y como viene en el libro: con todos los espacios, los
paréntesis, las cursivas... Y no añadiré fotografía a esta entrada,
porque no hay imagen más hermosa, más bella, más certera que la que
emana del propio poema.
Tus lindes: grietas que me develan
We must have died alone,
a long long time ago.
D.B.
Has pulsado,
Has templado mi carne
En tu diafanidad, mis sentidos (hombre de contornos
Levísimos, de ojos suaves y limpios);
En la vasta desnudez que derrama,
Que desgaja y ofrece;
(Como una esbelta ventana al mar; como el roce
delicado, insistente,
de tu voz.)
Las aguas: sendas que te reflejan (celaje inmerso), tu
Afluencia, tus lindes:
Grietas que me develan.
-Porque en barniz, una palabra espesa, vivos y
muertos, una acritud fungosa, de cordajes,
de limo, de carroña frutal, una baba lechosa nos
recorre, nos pliega, ¿alguien;
alguien hablaba aquí?
Renazco, como un albino, a ese sol:
Distancia dolorosa a lo neutro que me mira, que miro.
Ven, acércate; ven a mirar sus manos, gotas recientes
En este fango; ven a rodearme.
(Sabor nocturno, fulgor de tierras erguidas, de
pasajes sedosos, arborescentes, semiocultos;
el mar:
sobre esta playa, entre rumores dispersos y vítreos.)
Has deslumbrado,
Reblandecido
¿En quien revienta esta luz?
-Has forjado, delineado mi cuerpo a tus
emanaciones,
a sus trazos escuetos. Has colmado
de raíces, de espacios;
Has ahondado, desollado, vuelto vulnerables (porque
Tus yemas tensan
Y desprenden,
Porque tu luz arranca – gubia suavísima- con su lengua, su roce,
Mis membranas –en tus aguas; ceiba luminosa de espesuras abiertas,
De parajes fluctuantes, excedidos; tu relente) mis
Miembros.
Oye; siente en ese fallo luctuoso, en ese intento
Segado, delicuescente
¿A quién unge, a quién refracta, a quién desdobla?
En su miasma
Miro con ojos sin pigmento ese ruido ceroso
Que me es ajeno.
(En mi cuerpo tu piel yergue una selva dúctil que
fecunda sus bordes;
una pregunta, viña que se interna, que envuelve los
pasillos rastreados.
-De sus tramas, de sus cimas: la afluencia incontenible.
Un cristal que penetra, resionos, candente, en las vastas
Pupilas ocres
Del deseo, las trasparenta; un lengua minucioso)
Me has preñado, has urdido entre mi piel;
¿y quién se desplaza aquí?
¿quién se desliza por sus dedos?
Bajo esa noche: ¿quién musita entre las tumbas, las
Zanjas?
Su flama, siempre multiplicada, siempre henchida y
Secreta,
Tus lindes;
Has ahondado, has vertido, me has abierto hasta
Exhumar;
¿Y quién,
quién lo amortaja aquí? ¿Quién lo estrecha, quién lo
besa?
¿Quién lo habita?
Coral Bracho
Trazo del tiempo