Él no lo sabe, ni lo sabrá nunca. Él, al verme con la cámara, no quería pasar por esa calle que se llama Reloj. Delante de mí se detuvo, quería esperar a que yo tomase la foto, pero yo le dije: por favor pasa... olvídate de mi cámara...
sábado, 22 de enero de 2011
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4 comentarios:
¿Para qué entender palabras sueltas si eso va a impedir ver esa chispa eléctrica en los huecos, como esta descripción, que no se entiende pero se siente?
y es muy hondo, Nán.
Un abrazo suave, que aún sé que duele un poco.
Esta secuencia me tiene embrujado. Sugiere tantas cosas que me resultaría imposible decantarme por una de ellas. Quizá el miedo a la cámara sea el miedo a uno mismo transitando por los estrechos callejones íntimos y el miedo mío a decidirme por una idea sea algo similar.
Eres enorme, en imagen, texto y corazón.
Un vendaval de besos...
Gracias Pepe, por tus hermosas palabras siempre que siempre balsámicas.
En estas imágenes, aunque sólo veas un camino, hay mil soluciones. Una de ellas es la idea de algo, que aunque te gusta/ me gusta (me gusta),inexorablemente se va alejando.
Me gusta su soltura al caminar, su levita, su pelo largo. Así me gusta ir por la vida: pisando fuerte
(Se alejan los recuerdos hasta el olvido? al terminar la calle? y después desaparecen? Nunca lo sabremos)
Un beso
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