Tu resistencia, no tiene límite. No ocurre lo mismo con la resistencia de la red de Octavia.
Las ciudades sutiles (5), Italo Calvino
Si queréis creerme bien. Ahora diré como es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los intervalos, o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube, se entrevé más abajo el fondo del despeñadero. Esta es la base de la ciudad: una red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás, en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, picos de gas, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas de luces, tiestos con plantas de follaje colgante. Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Sabe que la resistencia de la red tiene un límite
Nán, sigo de viaje y sigo guerreando. Pero el día que deje el equipaje por más de dos jornadas seguidas, habremos de celebrarlo. Espero que pronto
Alazán Cuelga hacia abajo, como las vinhas que veo cuando atravieso el campo en algunos trenes, parece que la tierra estuviese boca abajo y la sacudieran. Las raíces crecieran hacia fuera, como un Baobab diminuto.
Creo en lo que dices. En uno de mis viajes, aparecí en Octavia. Caminé descalza por los travesanhos de madera con cuidado de no poner el pie en el intervalo. -Nunca me agarraba a la red de cánhamo. Los enseres colgaban hacia la gravedad, y hasta la tierra tenía las raíces al descubierto; Las uvas pendían a traves de la red; me balanceaba en las escalas de cuerda y algunas noches recogía los racimos para el postre en los cestos colgados de los cordeles. A veces, en esa oscilanción, entreabría los labios para tomar la jugosa fruta directamente del racimo. Siempre sucedía que el balanceo provocaba que acabase el néctar de la vid cuello abajo. Y así volvía a casa con el dulzor prendido en los labios.
Luego tuve que regresar de Octavia, y a días siento nostalgia de su entremada transparencia; de todas las aves que volaban bajo nuestros cuerpos; del canto de los canarios sobre ramas invertidas. Por esta nostalgia de vez en cuando, voy a un parque donde se ven mirlos y ardillas, cuerpos semidesnudos, gente que corre. Allí sobre una piedra tomo un racimo de uva malvasía hinchada y madura lo levanto alto y lo balanceo; dispongo los labios, muerdo la uvas desde abajo, su licor suavísimo se vierte en mi sonrisa. Si cierro los ojos pienso en mis pasos sobre el abismo: Octavia
La resistencia de la red tenía un límite, sí, pero y la de los habitantes?
me gustaría saber cómo llegar a esos sitios, inukita. en mis trenes de tercera sólo llego a lugares tenebrosos como murcia, córdoba o el peor de todos, madrid.
8 comentarios:
Hola, paso por aquí para saludarte y mirar tus estupendas fotografías.
Saludos
http://estar-al-acecho.blogspot.com/2010/09/alambrada.html
De alguna manera (o de todas), Inuk, somos paralelas y persistentes.
A pesar de tu resistencia te digo: cuidado con esas alambradas, por la antitetánica, sobre todo si hubo ovejas.
Cuídate, bella.
José Luis, Muchas gracias, bienvenido a este viaje mío.
Sofía, tranquila no me dejo aranhar. (O de repente sí. Siempre hay un riesgo)
Dulce autopresentación. De guerrera bien dispuesta.
Tu resistencia, no tiene límite. No ocurre lo mismo con la resistencia de la red de Octavia.
Las ciudades sutiles (5), Italo Calvino
Si queréis creerme bien. Ahora diré como es Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los intervalos, o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube, se entrevé más abajo el fondo del despeñadero.
Esta es la base de la ciudad: una red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás, en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, picos de gas, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas de luces, tiestos con plantas de follaje colgante.
Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Sabe que la resistencia de la red tiene un límite
Nán, sigo de viaje y sigo guerreando. Pero el día que deje el equipaje por más de dos jornadas seguidas, habremos de celebrarlo. Espero que pronto
Alazán
Cuelga hacia abajo, como las vinhas que veo cuando atravieso el campo en algunos trenes, parece que la tierra estuviese boca abajo y la sacudieran. Las raíces crecieran hacia fuera, como un Baobab diminuto.
Creo en lo que dices. En uno de mis viajes, aparecí en Octavia. Caminé descalza por los travesanhos de madera con cuidado de no poner el pie en el intervalo. -Nunca me agarraba a la red de cánhamo.
Los enseres colgaban hacia la gravedad, y hasta la tierra tenía las raíces al descubierto; Las uvas pendían a traves de la red; me balanceaba en las escalas de cuerda y algunas noches recogía los racimos para el postre en los cestos colgados de los cordeles. A veces, en esa oscilanción, entreabría los labios para tomar la jugosa fruta directamente del racimo. Siempre sucedía que el balanceo provocaba que acabase el néctar de la vid cuello abajo. Y así volvía a casa con el dulzor prendido en los labios.
Luego tuve que regresar de Octavia, y a días siento nostalgia de su entremada transparencia; de todas las aves que volaban bajo nuestros cuerpos; del canto de los canarios sobre ramas invertidas. Por esta nostalgia de vez en cuando, voy a un parque donde se ven mirlos y ardillas, cuerpos semidesnudos, gente que corre. Allí sobre una piedra tomo un racimo de uva malvasía hinchada y madura lo levanto alto y lo balanceo; dispongo los labios, muerdo la uvas desde abajo, su licor suavísimo se vierte en mi sonrisa. Si cierro los ojos pienso en mis pasos sobre el abismo: Octavia
La resistencia de la red tenía un límite, sí, pero y la de los habitantes?
me gustaría saber cómo llegar a esos sitios, inukita. en mis trenes de tercera sólo llego a lugares tenebrosos como murcia, córdoba o el peor de todos, madrid.
Córdoba no es tenebrosa, Viajero.
Creo que no vas a saber llegar a Octavia. Pero sigue intentándolo, como en los chicles bazoka
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