¿Qué es el
insomnio? - Jorge Luis Borges
La
pregunta es retórica; sé demasiado bien la respuesta. Es temer
y contar en la alta noche las duras campanadas fatales, en ensayar
con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo
que bruscamente cambia de lado, es apretar los párpados, es un
estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es
pronunciar fragmentos de párrafos leídos hace ya muchos años, es
saberse culpable de velar cuando los otros duermen, es querer
hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror
de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa.
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Y aparte de esa respuesta tan bellamente contada, es dolor de cabeza.
Apago la luz. Que descansen.


4 comentarios:
Quienes profundamente roncan me exacerban. Trato de planear silenciosamente sobre un nenúfar y cerrar los ojos y sólo acierto a frenar con los pies en el agua y más hundirme. El alba es completamente dudosa, más desde un ojo si ha sido completamente salvaje.
Ese mal casi nunca me ha tocado. Los sueños, hermosos o terribles, son mi principal actividad mental. Si en algo he conseguido crear belleza, es en ellos.
POEMA DE LOS DONES
Poema de los dones
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.
Nán, me gusta mucho saber que construyes sobre ese material tan delicado. Un beso.
Anónimo A mí no me exacerban los que roncan, así sé que están vivos. Planear silenciosamente como las rapaces, no sé si sea posible...
Los poemas nuevos siempre son Bienvenidos. Gracias
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